Nuestros amigos de la Asociación por la Tolerancia (AT), con la colaboración de la Fundación de Víctimas del Terrorismo (FVT), organizan su XXV Ciclo de cine para la Tolerancia y contra el Terrorismo, que se inagurará el sábado 17 de octubre a las 18h en el colegio Jesuíias de Pamplona (C/Bergamín 32), y que contará con jornadas en Bilbao y Barcelona en noviembre.
Como se puede ver en el siguiente programa, se proyectarán los documentales «Recuerdo de un hombre libre», «Casa y cuartel» y «Los nietos del silencio», sobre los que se hablará en la charla posterior a su proyección.
Comentario editorial de Asociación por la Tolerancia
Viboreznos
En 1942, tras el asesinato en Praga del dirigente nazi Reinhard Heydrich, Hitler ordenó realizar una campaña de represión que borró literalmente del mapa dos pueblos conocidos por ser núcleos de la resistencia checoslovaca contra la ocupación alemana. Uno de esos pueblos era Lídice (en la actual Chequia). En él, los nazis fusilaron a todos los varones mayores de 15 años y enviaron a mujeres y niños a campos de concentración. El conmovedor monumento erigido en el nuevo Lídice y que reproducimos en nuestro cartel recuerda a los 82 niños asesinados con exactamente ese número de esculturas en bronce.
Por desgracia, en España aún no existe un “monumento a la infancia destruida por ETA”, dedicado a los 21 niños que ETA asesinó y a los más de 170 que dejó heridos, 3 de ellos declarados con “gran invalidez”, 3 con “incapacidad permanente absoluta” y 5 con “incapacidad permanente total”. La mayoría de las víctimas lo fueron en ataques indiscriminados contra la población civil o contra casas-cuartel de la Guardia Civil. Así, 4 niños fueron asesinados en Hipercor (1987), 6 en el atentado contra la casa-cuartel de Zaragoza (1987) y 5 en el atentado de la casa-cuartel de Vic (1991). ETA alegaba que los menores víctimas de estos atentados “no eran su objetivo”, pero podían ocurrir “accidentes” o bien ser utilizados por sus familias como “escudos”, siendo así el Estado el único culpable, no ellos. Relataremos uno de los atentados que deja especialmente claro lo que pensaba ETA sobre el asesinato de niños:
En 1991 ETA colocó en Erandio una bomba debajo del asiento del copiloto del vehículo particular del guardia civil Antonio Moreno. Tras comprobar los bajos del vehículo y no ver nada sospechoso Antonio montó a sus dos hijos mellizos en el asiento trasero, la bomba se activó en una curva y mató en el acto a Fabio, mientras que su hermano Alexander sufrió graves heridas. En la sentencia judicial del atentado se recoge que los terroristas conocían la rutina del agente y que sabían que utilizaba dicho vehículo exclusivamente para ir con su familia y sus mellizos. De hecho, meses después, la dirección de la banda instó a sus comandos a seguir utilizando bombas lapa:
«Aquí os mando información de coches de txakurras, para hacer algunas ekintzas [atentados]. Cuando podáis les ponéis unas lapas [bomba adosada]. (…) No debemos modificar nuestros procedimientos porque el enemigo utilice cobardemente a sus hijos para protegerse. Además, ya estamos en el 92 y no hay que escatimar medios ni arriesgar innecesariamente la vida de nuestros luchadores, que vale cien veces más que la de un hijo de un txakurra»
Otra buena muestra del valor de la vida de un niño para ETA y su entorno se la debemos a Txema Montero, histórico abogado de etarras y antiguo dirigente de HB, quien dijo en cierta ocasión con relación al atentado de la casa-cuartel de Vic:
«Estoy hablando con una gente […] y alguien me dice: Oye, cuando tú vas por el monte y ves una víbora, matas a la víbora, ¿verdad? Y luego miras alrededor a ver si hay viboreznos y también los matas» .
Es decir: los niños de las casas-cuartel son viboreznos hijos de víboras (Guardia civiles) y a ambos hay que matarlos. Sobre el mismo atentado dijo en su día Cristina Cuesta: «¿Cómo es capaz alguien de lanzar un coche bomba a un cuartel, a un patio, mientras está escuchando jugar a los niños?».
Como documenta ANVITE en su web, en 1985 en la céntrica y concurrida calle Javier de Pamplona, ETA colocó una bomba trampa que mató al Policía Nacional (PN) Fco. Miguel Sánchez y al niño de 14 años Alfredo Aguirre. La etarra vio al niño cerca de la bomba pero no tuvo ningún reparo en ordenar a otro etarra la activación de la misma al ver llegar la patrulla de la PN. Alfredo era alumno del Colegio Jesuitas en el que realizamos la jornada de Pamplona.
¿Y la prensa?… Mertxe Aizpurúa, hoy diputada de Bildu, trabajaba en 1997 en el diario “Egin” del que recordamos su portada sobre el atentado de Vic: “Nueve muertos y más de cuarenta heridos en la casa cuartel de Vic tras una explosión” (“una explosión”, casi da a entender que fortuita, sin autor, ETA a salvo…).
Sería necesario un “monumento a la infancia destruida por ETA” para recordar no solo a los niños que fueron víctimas directas, sino también a esos otros niños que no llegaron a ver la luz, ya que muchos de los guardias civiles o policías nacionales asesinados eran jóvenes de veintipocos años con una familia solo en proyecto. ETA truncó esas posibles vidas y, sin lugar a dudas, marcó y condicionó la de los huérfanos, y hasta la de muchos nietos que no conocieron a sus abuelos, como nos explica con claridad el documental «Los nietos del silencio».
Volviendo al presente, por desgracia, muchos de los asesinos están ya en libertad fruto de la aplicación penitenciaria de fraudulentos (en palabras de COVITE) terceros grados, concedidos “casualmente” tras traspasar prisiones a la CAV. Henri Parot es un ejemplo de ello: responsable del asesinato de 6 niños en el atentado de la casa cuartel de Zaragoza, tiene ya el tercer grado concedido por la consejera vasca de Justicia. Unas sociedades recuerdan los niños asesinados, otras liberan fraudulentamente a sus asesinos.
Como el documental sobre Fernando Múgica recuerda acertadamente, «Olvidar a los muertos sería como matarlos una segunda vez«, una frase tomada de Elie Wiesel, escritor, profesor, activista de los DD. HH., superviviente del Holocausto y Premio Nobel de la Paz 1986. Recordemos pues. Esperamos contar con su presencia.
Asociación por la Tolerancia 2026
