Este artĆculo fue publicado originalmente en el Diario de Navarra el 6 de Diciembre de 2021. Desde SCN queremos agradecer a los historiadores Pedro del Guayo y Juan JosĆ© Martinena por sus detalladas aportaciones sobre la antigua Plaza de la Constitución de Pamplona, que se incorporaron en la solicitud al ayuntamiento y en este artĆculo.
La Plaza de la Constitución no es algo nuevo ni ajeno a la historia de Pamplona. De hecho, nuestra emblemÔtica Plaza del Castillo tuvo ese nombre, referido a la Constitución de 1812, durante el llamado trienio liberal, entre 1820 y 1823, hasta que el régimen absolutista acabó con las libertades constitucionales.
En 1836, con el reinado de Isabel II y la regencia de su madre MarĆa Cristina, se recuperó el nombre de āPlaza de la Constituciónā, que se conservarĆa hasta 1873 con la instauración de la Primera RepĆŗblica que la bautizó como āPlaza de la RepĆŗblicaā.
A principios de 1875, tras la proclamación de Alfonso XII como nuevo monarca se recuperarĆa el nombre de āPlaza de la Constituciónā, nombre que perderĆa de nuevo en 1931 con la Segunda RepĆŗblica, para adoptar finalmente tras la guerra civil el nombre de Plaza del Castillo que todos conocemos.
A escasos metros de allĆ, en la zona del actual Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, se hallaba el baluarte de San Antón, que fue una de las estructuras que defendieron a los ciudadanos de Pamplona durante mĆ”s de trescientos aƱos. AllĆ se encontraba el cuartel de infanterĆa āGeneral Morionesā, un ilustre militar que consiguió romper el cerco carlista que estaba sufriendo la ciudad y liberarla en febrero de 1875, trayendo de nuevo las libertades constitucionales.
Desde Sociedad Civil Navarra nos sentimos especialmente contentos y orgullosos de que nuestra propuesta de unir el recuerdo del viejo baluarte (bastión, defensa y amparo de Pamplona) con el nombre de nuestra Constitución de 1978 (protectora de nuestros derechos y libertades que hoy cumple 42 años) se haya hecho realidad gracias a la decisión del alcalde que ha accedido a nuestra solicitud.
Y es que despuĆ©s de casi cuatro dĆ©cadas de dictadura, los espaƱoles nos dimos un texto constitucional fruto del consenso del que participó prĆ”cticamente todo el espectro polĆtico y que fue refrendada por el 74% de los votantes en Navarra y el 88% en el total de EspaƱa. Se ponĆa fin a dĆ©cadas de enfrentamiento de las dos EspaƱas y se hacĆa tabla rasa del pasado para encarar un futuro que despuĆ©s de otras cuatro dĆ©cadas presenta muchas mĆ”s luces que sombras.
Es innegable que España ha vivido el mayor periodo de paz, prosperidad y desarrollo económico de toda su historia, pero es necesario recordarlo y repetirlo hoy a quienes piensan que su situación es inmutable y permanente. Nada hay inmutable y menos en un mundo en crisis donde los viejos fantasmas del autoritarismo, del totalitarismo y del populismo vuelven a cercar las democracias. La Democracia y la Constitución no estÔn garantizadas.
En EspaƱa desgraciadamente se ha reeditado la polĆtica de frentismo que parecĆa superada con la Constitución del 78, que habĆa aparcado los clichĆ©s acuƱados en la guerra civil pero, al parecer, para algunos lo fue sólo sobre el papel. El desprecio y la deslealtad a los valores constitucionales de consenso, concordia y reconciliación por parte del nacionalismo y de un populismo de izquierdas sesgadamente revisionistas, han vuelto a poner sobre la mesa el hecho de que es fĆ”cil volver a atizar los odios echando sal a las heridas que para la mayorĆa, tras mĆ”s de 40 aƱos de Democracia, habĆan cicatrizado.
A ese afĆ”n revanchista por desenterrar sólo una parte del pasado remoto, se unen las alianzas de nuestros Gobiernos central y autonómico, que han privilegiado como socios a partidos secesionistas cuyo Ćŗnico objetivo es la ruptura de EspaƱa y la anexión de Navarra, a la que quieren imponer sus polĆticas lingüĆsticas expansionistas y otras decisiones nos corresponden a los navarros.
Han pasado 200 años desde aquel lejano 1820 cuando se leyó la siguiente proclama al inaugurar la primera Plaza de la Constitución: «Ciudadanos de Pamplona, esta lÔpida colocada en el hermoso monumento que adorna esta plaza, os declara con letras de oro cómo debéis llamarla en adelante, y cuando pronunciéis su nombre, no podréis dejar de recordar con placer que en ella fue publicado y jurado el precioso código que constituye la libertad general de la Nación Española».
Hoy mÔs que nunca es necesario reaccionar para no perder esa libertad. Necesitamos recuperar la ilusión por la democracia que guio a los partidos que hicieron posible la Constitución del 78, que es nuestro Baluarte. Pero los baluartes no se defienden solos y necesitan una sociedad civil fuerte y comprometida con los valores de libertad, consenso y solidaridad. Todos somos necesarios en este empeño.
Eduardo López-Dóriga EnrĆquez
Presidente de Sociedad Civil Navarra
www.sociedadcivilnavarra.org
