La Constitución de 1978 ha proporcionado a los navarros ācomo al resto de espaƱoles- las mayores cotas de libertad y prosperidad de toda su historia. Afortunadamente, la Navarra de hoy nada tiene que ver con la de hace cuarenta aƱos en la que no se respetaban los derechos fundamentales de las personas y se negaba el pluralismo polĆtico. La Constitución ācomo Constitución del consenso y para la concordia entre todos los espaƱoles- puso fin a cuatro dĆ©cadas de dictadura y estableció un sistema eficaz de garantĆas de los derechos y libertades de los ciudadanos. La Constitución de 1978 es sinónimo, por tanto, de libertad. Y por ello el 6 de diciembre es un dĆa para celebrar.
Por otro lado, la Constitución abrió las puertas a un proceso de descentralización territorial del poder sin precedentes en el mundo. Proceso que ha determinado que Navarra disfrute de un nivel de competencias difĆcilmente superable. Precisamente, por ello, resulta sorprendente la resolución aprobada el pasado dĆa 27 por el Parlamento a favor de abrir un proceso de reforma de la LORAFNA para aumentar las competencias de Navarra. Es difĆcil incrementar significativamente el autogobierno de Navarra sin desbordar el marco constitucional. El necesario debate sobre el reparto de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas debe concretarse en una reforma de la Constitución que previsiblemente tendrĆ” lugar la próxima Legislatura. En este contexto, la futura reforma de nuestra Constitución territorial afectarĆ” a tres planos que interesan a los ciudadanos navarros:
El primer objetivo de la reforma āy el mĆ”s simple- consistirĆ” en constitucionalizar el mapa autonómico, esto es, en recoger en el Texto de 1978, el nĆŗmero y denominación de las 17 Comunidades. Para Navarra esto serĆ” fundamental. ImplicarĆ” la supresión de la Disposición Transitoria Cuarta cuya vigencia convierte a Navarra en una Comunidad āprovisionalā. A partir de entonces, la supresión de cualquier Comunidad Autónoma requerirĆ” activar el procedimiento de reforma constitucional. La existencia de Navarra como una mĆ”s de las CC. AA espaƱolas quedarĆ” constitucionalmente garantizada. Hoy no lo estĆ”.Ā
El segundo objetivo āmĆ”s complejo- exigirĆ” incluir en la Constitución un sistema claro de reparto de competencias. La reforma debiera servir para asegurar que los poderes centrales disponen de las competencias, herramientas, e instrumentos necesarios para garantizar la igual libertad de todos los espaƱoles con independencia del territorio en donde vivan, la unidad económica ( y de mercado) y la āuniformidad de las condiciones de vida de todos los ciudadanosā (utilizando la fórmula de la constitución alemana). Resulta imposible afrontar con rigor este debate si -como hacen los nacionalistas y algunos regionalistas- el āautogobiernoā se convierte en un fin en si mismo, esto es, en una ideologĆa segĆŗn la cual cuantas mĆ”s competencias asuma Navarra mejor. Por el contrario, desde la comprensión del autogobierno como un instrumento al servicio de los ciudadanos, compatible con el funcionamiento eficaz del Estado, podrĆa llegarse a la conclusión de que algunas competencias que hoy ejercen algunas Comunidades, y Navarra entre ellas, serĆa mejor que revirtieran al Estado. Los partidos estatales tienen mucha pedagogĆa que hacer en este campo. Durante mucho tiempo se nos ha estado repitiendo ācontra toda lógica- que cuantas mĆ”s competencias asumiĆ©ramos mejor.Ā
Finalmente āy esa es la cuestión mĆ”s compleja y delicada- la reforma deberĆ” incluir en la Constitución las directrices bĆ”sicas del modelo de financiación del conjunto. Un modelo que respete los principios de suficiencia financiera para el ejercicio de las competencias, responsabilidad fiscal, igualdad y solidaridad.Ā
En esta triple reforma todos nos jugamos mucho. Lo peor que podrĆa ocurrir en este proceso es que los intereses de los navarros se presentaran como opuestos a los del conjunto de los ciudadanos espaƱoles cuando ciertamente son coincidentes. Los partidos que sostienen al Gobierno lo intentarĆ”n y buscarĆ”n apoyos incluso en la oposición. Esa es la amenaza que hay que conjurar. A la gran mayorĆa de los navarros nos interesa formar parte de un Estado vertebrado y cohesionado y que funcione eficazmente.Ā
En estas pĆ”ginas escribĆa recientemente Jaime Ignacio del Burgo que la mayorĆa de los navarros āno estĆ” dispuesta a aceptar que Navarra descienda a la segunda división autonómicaā. Si con ello se refiere a que no deseamos la unión con el PaĆs Vasco, me incluyo en esa mayorĆa. Ahora bien, algunos navarros aspiramos a construir una EspaƱa en que no haya ciudadanos de primera y segunda división āsegĆŗn la Comunidad en que residan-Ā una EspaƱa que garantice la igual libertad de todos, de conformidad con los principios y valores que proclama la Constitución de 1978 cuyo 37 aniversario hoy celebramos.
Javier Tajadura Tejada
Profesor de Derecho Constitucional de la UPV y miembro de Sociedad Civil Navarra
